
El domingo 11 de enero de 2009, en Pamplona, una batalla suponía más que una victoria y una derrota, más que tres puntos o ninguno, más que un cambio histórico o no. La hora de la batalla era a las nueve de la noche y la luna llena intentaba hacerse un hueco en el cielo pamplonés. Entre la niebla, 22 guerreros esperaban la contienda. Unos, 11 sedientos gladiadores de amarillo chillón acostumbrados a la victoria cerca y lejos de casa, se enfrentaban a los de rojo, los de la zona, los 11 de casa. Éstos, luchadores natos, llenos de garra y coraje siempre suponen una difícil prueba para sus contrincantes aún cuando las cosas les van mal.
Miles de personas acudieron al campo de batalla para animar a los de casa, pero el mejor guerrero de los forasteros calló de inmediato al agitado público asistente.
Con un slalon prodigioso, al alcance de muy pocos, el pequeño argentino Messi puso el miedo en el cuerpo. Los culés habían comenzado fuertes y son muy temidos en el mundo, más aún cuando sus engranajes funcionan a la perfección, como una auténtica máquina de guerra. Y el fin rojillo se presagiaba poco después. El galo del ejército culé, apodado 'Tití', mandó otra ofensiva contra la retaguardia navarra que supo contener no sin dificultades. Once minutos de lucha y el Barça apretando.
Pasaron los minutos y se sucedieron las ofensivas sin éxito en una y otra área, aunque más en la local. Pero cuando ambos contendientes esperaban ya el descanso para prepararse para un duro final, un gran ser (y mejor jugador) venido desde tierras lejanas, de un continente que en tiempos fue temido, de la denominada África negra, apareció para adelantar al bando catalán (pero con seguidores en todo el mundo) y minar -presumiblemente- la moral de un equipo rojillo que se hundía un poco más en los puestos calientes de la tabla.
De este modo se llegó al habitual descanso de quince minutos en el que los guerreros saciaron su sed y en el que algunos renovaron su sed, esta vez de venganza.
Con estas ganas de vengarse saltó al campo de batalla (llamado en esta ciudad Reyno de Navarra pero conocido comúnmente -hasta Pep se sigue confundiendo aunque rectifique...- como El Sadar) un Osasuna activo, duro en sus entradas (casi comprendo que la única manera de parar a los culés sea mediante 'hostias al tuntún') y con más ganas que un Barça desorientado y fuera de juego, no sé si por la densa niebla que también nubló sus mentes o por el frío -que tampoco era tanto...- que paralizó sus articulaciones.
Algo pasó en este equipo temido e 'invencible' (hoy por hoy está muy bien, pero quien dice eso no tiene ni idea de fútbol, ya que gracias a que nadie es invencible, el fútbol es el mejor deporte del mundo...) que hizo resurgir a un equipo mermado pero que reaccionó ante la empanada de los de Guardiola y se aprovechó de la situación en tan sólo diez minutos en los que dio la vuelta a un partido que habían merecido (simplemente por ganas) empatar e incluso ganar. Primero Flaño, de gran testarazo tras un córner y después Pandiani en el 72, de remate con el pie tras pase raso desde la banda, adelantaron al colista que se enfrentó ante el grande de la categoria.
El orgullo del ejército amarillo chillón quedó tocado y fue a raíz de ese golpe cuando volvió a despertar y a atacar todos los flancos navarros.
Así llegó el empate. En una jugada del brasileño Alves por la derecha, que pasó por abajo a Xavi, éste batió al portero local Roberto y puso el 2-2 en el electrónico del Reyno de Navarra.
Fue en esta jugada donde Xavi recibe una durísima entrada de Flaño que debía haber sido expulsado a pesar del gol visitante.
Un jugador no puede entrar de esa manera, y por mucho que esa jugada coincida con un gol, el árbitro no puede mirar hacia otro lado y no darle la más mínima importancia.
Pero el conjunto de Josep Guardiola no se conformaba con el empate y seguía buscando el gol. Fue el mismo guerrero que comenzó las ofensivas quien las acabó. Un zapatazo, un latigazo típico del astro argentino cambió el curso de la batalla. 2-3 y el Barça a doce puntos de su inmediato perseguidor. Por su parte, la defensa numantina de los valientes guerreros navarros les deja con el físico tocado (último a 4 puntos de la salvación) pero con la moral alta al haber sido capaces de poner en apuros al todopoderoso F.C. Barcelona, el ejército de estrellas que trabajan y de trabajdores supremos que saben hacer su trabajo casi a la perfección, hasta que alguien mejor les bajedesde el cielo y canten como dijo una vez Fito: "...Me he elevado por el suelo y me he arrastrado por el barro...". Que Pep haga lo imposible para que no ocurra y los culés nos acabemos llevando una gran decepción a final de temporada.
Imagen: Marca.com
