
Ayer pasó lo que tenía que pasar. La justicia se mostró justa y el Athletic de Bilbao goleó a un Sevilla que, sin dar demasiadas muestras del gran equipo en que se ha convertido, quedó apeado de la competición copera y dio muestras de debilidad en un campo difícil, ante un equipo muy fuerte físicamente y bajo los gritos continuos de una afición que se volcó con sus jugadores para dar la vuelta a un resultado que se había complicado tras la ida en Sevilla.
Al presidente Del Nido le pasó lo que le podía pasar después de las declaraciones que hizo. Se comió sus palabras y además tuvo que aguantar el chaparrón que le caía encima. Con gritos de "cómeme el rabo, Del Nido cómeme el rabo,..." la gradería vasca se vengó de las habladurías del presidente sevillista y los jugadores del Bilbao hablaron, esta vez, dentro del terreno de juego.
Así, los leones bilbaínos jugarán una final de Copa que veinticinco años después, volverán a disputar contra el F.C. Barcelona.
El Barça sigue sin mejorar.
Vale que las condiciones climáticas de anoche no eran las óptimas para disputar un partido de fútbol. Vale que con una renta de 2-0 puedas caer en una confianza que te puede perjudicar. Vale que jugando con jugadores menos habituales puedas hacer un fútbol menos vistoso. Vale todo, pero lo que no me vale es que pase una hora de juego y todavía no hayas mostrado ni un ápice de ganas. Tuvo que entrar Leo para aliviar (en el minuto 80 de preciosa vaselina) a los culés y desilusionar a los mallorquinistas. Un empate a uno que hizo que el Barça volviese, once años después, a una final de Copa.

El próximo fin de semana se va a disputar el ensayo de la final de Copa y tres puntos importantísimos para la competición liguera. Veremos qué pasa.
Imágenes: As.com