C'est la vie, c'est le football
Como suena. Si 90 minutos antes de que el árbitro de turno pitase el final del encuentro, si 90 minutos antes de que ese señor de amarillo, negro... diese la orden de comenzar un partido de esta índole, si 90 minutos antes de que sonase el himno de la Champions en tu propio campo (o en campo ajeno), todos supiésemos qué iba a ocurrir en esos 90 minutos que restaban de partido, cuán aburrido sería este deporte. Si el equipo que lleva ganado 'X' partidos seguidos, o conquistando 'X' ligas desde hace 'X' tiempo o algo similar, y supiésemos de antemano que iba a seguir ganando y que no iba a sufrir nada para ganar a su rival (fuese cual fuese), a nadie le gustaría este deporte capaz de reunir a miles de aficionados juntos en estadios, bares y casas particulares para pasar un buen rato y ver cómo, de una vez por todas, pierde el equipo rival, después de tanto tiempo.

Y bueno, aunque ni el Atlético pasaba por su mejor racha ni el Barça mandaba tan a menudo en el campo como lo hacía hace un mes, el fútbol es así y hoy ha quedado demostrado.
Los colchoneros, más confiados en su dupla goleadora que en su zaga, han visto como el Kun se quedaba sin recursos y con la pólvora mojada y la zaga no ha estado tan mal como podían esperar. Por lo menos, la portería a cero así lo refleja.
La fe con la que los rojiblancos veneran al argentino, yerno de D10S y padre del pequeño Benjamín, y la confianza que todo el grupo tiene en la resolución y habilidad de su jugador clave es, quizás, demasiada. Si el Kun no tiene el día, el Atlético lo nota. Además, Abel ha dejado en el banquillo a Forlán, que no ha participado en el choque hasta el minuto 54, deslumbrando menos de lo esperado. Y así pasaron los minutos. El 0-0 se mantenía y la esperanza de los atléticos se iba apagando poco a poco como una vela cuando se consume tras una noche a oscuras, como una vida cuando llega a los 100 o como cuando a las pilas de tu transitor se acaban sin avisar en el momento menos oportuno. Así, poco a poco, el Atlético de Madrid se iba de Europa, con la cabeza alta pero con la espina clavada de poder haber hecho mucho más. Por lo menos pueden decir que no han perdido ni un partido en la competición; algo es algo.
Veni, vidi, vici.
Como el Julio César romano que destrozó a Farnaces II del Ponto en la batalla de Zela, esta noche y en su propia cancha llamada en aquel tiempo Barcino, el F.C. Barcelona ha conquistado -de nuevo- el fútbol total con el que nos tuvo acostumbrados menos tiempo atrás y ha goleado al mejor equipo galo del momento. A lo grande y jugando en la primera mitad un fútbol inalcanzable por muchos de sus rivales, el equipo de Guardiola le ha endosado cinco tantos a un Olympique de Lyon que, tras una primera parte temerosa y dubitativa que ha ocasionado el 4-1 del marcador antes de esos quince minutos de 'relax', ha metido el miedo en el cuerpo en la segunda con dos goles inesperados y que les han dado las suficientes alas como para venirse arriba y cambiar el curso del partido que controlaba a la perfección la dupla Xavi-Iniesta.

No se lo ha pensado. Al ver que el equipo francés se quedaba atrás y no estaban finos, los blaugranas han arremetido una y otra vez contra el arco lyonais (leonés) hasta que 'Tití' Henry (el acabado por muchos y al que le auguro una larga vida...) en dos ocasiones muy seguidas (24' tras grandísimo pase de Márquez y 26' en fuera de juego muy justo) ha fusilado la meta defendida por Lloris y ha adelantado a los de Pep en el marcador, presuponiendo un partido más relajado de lo que luego ha sido.
Más tarde Messi (39') en enorme jugada individual y con una gran pared con Henry ha colocado el tercero en el luminoso del Camp Nou y tres minutos más tarde (42') era Eto'o el que ponía el cuarto en el marcador, saciando (por lo menos un poco) su sed de gol.
Un minuto después (43'), Makoun tras un córner, ha marcado un golazo por la escuadra que dejaba el marcador con un 4-1.

Así se llegaba al descanso, con el Barça pletórico y el Lyon cabizbajo, pues se estaba llevando un varapalo increíble.
Pero las cosas cambian. Tras los quince minutos de rigor, el equipo de Claude Puel ha salido al campo con las cosas claras, con la mentalidad más ofensiva y con el espíritu con el que salió en su cancha: presión y velocidad.
Pero la reacción ha sido tardía. Los culés, confiados con los tres goles de renta, se han relajado más de lo habitual y han permitido que en tan solo tres minutos tras la reanudación (48' de buena combinación desde la banda y muy buena dejada de Benzema) Juninho anotase el 4-2 y pusiese en peligro la tranquilidad de los locales.
Pero entonces el Barça, sin llegar a jugar del mismo modo que antes, se ha vuelto a meter en el partido y ha tuteado al Lyon, que ya no ha ocasionado demasiado peligro en la meta de Valdés. Así pasaron los minutos y, excepto por alguna ocasión aislada (como la de Henry a pase de Piqué), parecía que ese iba a ser el resultado final de la eliminatoria. Pero faltaba la guinda del pastel. Con el tiempo más que cumplido, Seydou Keita ha recibido un balón en muy buena posición y tras regatear al portero galo, ha marcado el quinto del Barça, séptimo de la noche y noveno de la eliminatoria.
De este modo, los culés se clasifican, junto a Liverpool, Villarreal, Bayern, Mancheter, (2-0 al Inter) Arsenal (1-0 ganando en los penalties), Chelsea y Oporto para los cuartos de final de la Champions League, presumiendo unas próximas eliminatorias emocionantes y llenas de buen juego.
Una pena que de los equipos españoles sólo estén dos presentes, pero así es la vida, una vida que, al igual que el fútbol es increíble y a la vez decepcionante.
Imágenes: As.com












