
Increíble y agradable la clasificación para la final de la UEFA Champions League del Fútbol Club Barcelona. Desde un primer momento, sentado en mi banqueta del bar de abajo, con mi jarra de cerveza fresca y rodeado de muchísimos aficionados culés pensaba en una victoria blaugrana fácil y recordada como la del pasado sábado en el Santiago Bernabéu.
Pero no. Mis expectativas anteriores al partido se disiparon a los nueve minutos de juego, cuando el africano Essien marcó un golazo que adelantó a los londinenses en el marcador. Ése era el objetivo de Hiddink. Marcar rápido, agazaparse atrás y luchar todos los balones como si fuese el último, haciendo gala de su fuerza y su resistencia. Así fue. Con el autobús tras Cech y los balones rápidos al increíble e imprescindible Drogba (que es medio equipo), el Chelsea jugó a retar al fútbol de verdad. Lo que podría llamarse un anti-fútbol de teoría, el sistema defensivo del Chelsea, férreo y duro, entramado que ni una mosca era capaz de atravesar, conjunto de amasijos de carne humana vestida de azul y de corto que imposibilitaba que la perfecta dirección de los balones del centro del campo azulgrana llegasen a la delantera y entonces llegasen los goles, esa estructura rocosa, correosa, imposible de atravesar agotaba cada minuto para ir consumiendo un partido que enseñaba a la Champions inglés, que bebía té en Roma y escuchaba las campanadas del Big Ben desde uno de sus buses rojos. Ni el mejor equipo del mundo, ni el que mejor juego hace, ni el que tiene la mejor delantera del mundo, al mejor portero (me quito el gorro por Valdés...menudo partidazo que hace callar muchas bocas), al mejor centro del campo de la historia y un banquillo envidiable, ni ese equipo que le endosó al Real Madrid 6 en su feudo, ni ese equipo que iba a hacer historia podía atravesar el telón de carne que Hiddink ideó en su propio estadio y ante sus propios seguidores.
Pero este Barça es distinto. Con un poco de despiste arbitral, todos los seguidores del Barça del mundo sufríamos ante el televisor y bajábamos los brazos ante la imposibilidad de llegar a la meta del portero checo. Los minutos se iban agotando y el Barça, con diez en el campo tras la expulsión de Abidal, lo seguía intentando en ataque y se seguía defendiendo -como podía- atrás evitando una vez tras otra, las acometidas de los ingleses. Pasaron los minutos y los londinenses se iban frotando las manos, mientras que los culés veíamos imposible el pase a la red de los nuestros.
Pero tenemos a un crack. Andrés Iniesta, el jugador diez, que ha recibido minuto tras minuto durante los noventa y nueve que ha durado el partido la presión inagotable del centro del campo y la defensa inglesa, que ha luchado todos los balones uno tras otro, que se ha levantado tras las numerosas flatas de los contrarios, que ha sudado, se ha remojado y ha buscado el pase, ese Andrés (viva la madre que lo parió) ha encontrado el mejor pase de todos, en el mejor minuto de todos, ante la mejor afición de todas y de una manera inmejorable. Ha encontrado el pase a la red. Hemos sufrido, sí. Nos han favorecido, a lo mejor. Hemos jugado mejor, sin duda. Nos lo hemos merecido, absolutamente. Y lo que es mejor, lo que más nos alegra y lo que cuenta: HEMOS PASADO.
GRACIAS BARÇA.
Imagen: As.com
Pero no. Mis expectativas anteriores al partido se disiparon a los nueve minutos de juego, cuando el africano Essien marcó un golazo que adelantó a los londinenses en el marcador. Ése era el objetivo de Hiddink. Marcar rápido, agazaparse atrás y luchar todos los balones como si fuese el último, haciendo gala de su fuerza y su resistencia. Así fue. Con el autobús tras Cech y los balones rápidos al increíble e imprescindible Drogba (que es medio equipo), el Chelsea jugó a retar al fútbol de verdad. Lo que podría llamarse un anti-fútbol de teoría, el sistema defensivo del Chelsea, férreo y duro, entramado que ni una mosca era capaz de atravesar, conjunto de amasijos de carne humana vestida de azul y de corto que imposibilitaba que la perfecta dirección de los balones del centro del campo azulgrana llegasen a la delantera y entonces llegasen los goles, esa estructura rocosa, correosa, imposible de atravesar agotaba cada minuto para ir consumiendo un partido que enseñaba a la Champions inglés, que bebía té en Roma y escuchaba las campanadas del Big Ben desde uno de sus buses rojos. Ni el mejor equipo del mundo, ni el que mejor juego hace, ni el que tiene la mejor delantera del mundo, al mejor portero (me quito el gorro por Valdés...menudo partidazo que hace callar muchas bocas), al mejor centro del campo de la historia y un banquillo envidiable, ni ese equipo que le endosó al Real Madrid 6 en su feudo, ni ese equipo que iba a hacer historia podía atravesar el telón de carne que Hiddink ideó en su propio estadio y ante sus propios seguidores.
Pero este Barça es distinto. Con un poco de despiste arbitral, todos los seguidores del Barça del mundo sufríamos ante el televisor y bajábamos los brazos ante la imposibilidad de llegar a la meta del portero checo. Los minutos se iban agotando y el Barça, con diez en el campo tras la expulsión de Abidal, lo seguía intentando en ataque y se seguía defendiendo -como podía- atrás evitando una vez tras otra, las acometidas de los ingleses. Pasaron los minutos y los londinenses se iban frotando las manos, mientras que los culés veíamos imposible el pase a la red de los nuestros.
Pero tenemos a un crack. Andrés Iniesta, el jugador diez, que ha recibido minuto tras minuto durante los noventa y nueve que ha durado el partido la presión inagotable del centro del campo y la defensa inglesa, que ha luchado todos los balones uno tras otro, que se ha levantado tras las numerosas flatas de los contrarios, que ha sudado, se ha remojado y ha buscado el pase, ese Andrés (viva la madre que lo parió) ha encontrado el mejor pase de todos, en el mejor minuto de todos, ante la mejor afición de todas y de una manera inmejorable. Ha encontrado el pase a la red. Hemos sufrido, sí. Nos han favorecido, a lo mejor. Hemos jugado mejor, sin duda. Nos lo hemos merecido, absolutamente. Y lo que es mejor, lo que más nos alegra y lo que cuenta: HEMOS PASADO.
GRACIAS BARÇA.
Imagen: As.com

