Ayer me emborraché...pero hoy no tengo resaca. Comencé a beber a eso de las 21.30 horas (hora local) y la cerveza entraba bastante bien por mi garganta. Me senté frente al televisor y allí estuve, bebiendo y bebiendo hasta las 22.09 horas cuando una arcada me devolvió al mundo real, al de los sobrios que saben por donde andan, a la persona que era yo antes de las 21.30 horas, al que decía que la borrachera se podía torcer. Se torció. Estuve 23 minutos, es decir hasta las 22.32 horas, 'amorrado' en el baño, viendo como la borrachera me dominaba a mí y no yo a ella, como tenía previsto. Viendo como mi estómago no me respondía como me había respondido en otras muchas borracheras, la desolación era bastante profunda.
Pero de repente, y viniendo desde abajo, una especie de furia rara, como venida del África negra hizo que, en ese minuto 32 de las diez de la noche, me levantara de mi embriaguez, de mi agonizante estancia de 23 minutos en el baño y pudiese reincorporarme como individuo
zulú para seguir bebiendo, esta vez, con el cuerpo bastante mejor que entonces.
Seguí bebiendo y a eso de las 22.45 horas (hora local), decidí levantarme para echarle algo sólido al cuerpo. Salchichas de Frankfurt rojas y caseras de la facultad de Veterinaria de Zaragoza (hay que ver en qué emplean el tiempo en algunas facultades...). Debió sentarme bien, porque a eso de las 23.10 horas (hora local) comenzó a subirme a la cabeza el efecto de tanta cerveza. Esta vez no hubo arcadas ni vómitos. Esta vez, la borrachera era feliz, pues como un rápido argentino me levanté del sillón y me dirigí sorteando las sillas del salón hacia el baño a orinar. A pesar de la borrachera (que ya era de cubatas...) acerté con la luz y con el agujero del retrete. Ni una sola gota por fuera, todo entró y a celebrarlo. Mi borrachera iba viento en popa.
Salí del baño y me volví a sentar en el hueco que había dejado en el sillón, todavía caliente.
Casi no tuve tiempo de sentarme, cuando a eso de las 23.12 horas (hora local) lancé el vaso de cubata vacío a la papelera y, rebotando en el respaldo de la silla entró con una auténtica carambola. Yo, borracho y medio, lo celebré como lo celebra una familia catalana numerosísima cuando el hijo pródigo llega después de un tiempo y lo ve disfrutar en el jardín de la casa.
El éxtasis, debido a la cantidad de alcohol en sangre en mi cuerpo, siguió un curso ascendente, que se vio ejemplificado cuando a las 23.29 horas (hora local aproximada) conseguí beberme el último cubata de trago, completando una noche de borrachera increíble que ni yo mismo imaginaba.
Después, un tiempo de disfrute, unos minutos de gloria -aprovechando al máximo mi borrachera (sin duda la mejor del año hasta el momento)- y a dormir. Me fui a la cama bastante ebrio, con una borrachera bastante importante, pensando en la resaca de hoy.
Esta mañana como si nada. Nada de resaca ni el mejor recuerdo para una borrachera increíble. Será porque me estoy acostumbrando a emborracharme.
GRACIAS BARÇA.

CURIOSIDADES DE LA PREVIA
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